viernes, 21 de noviembre de 2014
COMO ME HA AYUDADO ESTA MATERIA EN MI CARRERA?
Bueno, esta materia me ha ayudado mucho integralmente en mi carrera, me ha enseñado muchos valores los cuales trato de poner en practica dia a dia, en mi casa, mi trabajo, etc. Durante todo este ciclo hemos desarrollado temas de suma importancia los cuales nos impulsan a ser personas personas de bien dia a dia, a tratar a los demas con respeto y equidad y nos anima a seguir adeante, esforzandonos y tratando de dar lo mejor de si donde quiera qe nos encontremos y rodeados de quien sea.
Me ha enseñado a contribuir al bien comun, a pensar que todas las personas soms iguales y asi como un dia las personas necesitaran de mi, yo tambien necesitare de ellas.
Me ha hecho reflexionar muchas veces en lo que estoy haciendo con mi vida, en lo que realmente quiero y debo de hacer. Me ha enseñado que si yo voy a hacer algo por muy insignificante que sea deb de pensarlo bien para no afectar y dañar a aquellos que me rodean y me aman y quieren lo mejor para mi vida.
Estoy totalmente segura que el dia de mañana cuando yo ya sea una profesional con m titulo en mano y un buen trabajo me recordare de todo lo hablado en clase, de los temas abordados y de las opiniones y criticas hacia ciertas personas que realmente no tienen valores ni etica. Esto realmente me ayudara a desarrollarme como un profesional debe de hacerlo.
Finalmente puedo decir gracias licenciada Quinteros por volverse parte de mi desarrollo etico y profesional, todas sus clases, opiniones y comentarios me ayudaran mucho, sin dudad he quedado marcada para siempre! gracias por su paciencia y por prepararse con su clase cada dia y tratar de hacernos entender que debemos de hacer lo mejor y hacernos recapacitar muchas veces!
Que Dios bendiga su trabajo y que siga siendo de bendicion a muchas otras personas mas, que haga siempre conciencia a ser mejores en el hambito profesional para que asi como en nuestro caso que seremos maestros podamos guiar a otros y ayudarles a crecer de una manera integral y que nuestras futuras generaciones sean mejor que nosotros profesionalmente, bendiciones!!!
LA IMPORTANCIA DE LA ETICA EN EL DESEMPEÑO PROFESIONAL
Como sabemos la etica profesional es cuando las personas se comportan de manera honrada y estable al servicio de los demas y por lo tanto algo de lo que muchas personas carecen hoy en dia. Cuando una peprsona posee etica profesional esta trata y es tratada con respeto y equidad, no asi las personas que ni siquiera saben lo que es eso, hacen sufrir a los demas con sus acciones y sufren ellos; ni siquiera pueden escalar en sus trabajos y desempeñarse de una mejor manera y ser vistos como personas ejemplares.
Una persona con etica profesional posee ciertos elementos comunes y necesarios como lo son la solidaridad, responsabilidad, equidad, etc.
Una persona deja de ser un profesional sino posee etica, la etica es de suma importancia, ya que es la que nos permite ser mejores cada dia y darle valor a la vida y a lo que hacemos, a amar a los que nos rodean y no solo buscar nuestro propio bien sino tambien el de los demas.
Como profesionales nunca debemos de ollvidarnos de la etica, siempre debemos de poner en practica los valores que esta posee y con los cuales llegaremos a alcanzar el exito no solamente en nuestro trabajo sino en nuestro hogar, con nuestra familia, amigos, etc.
La etica profesional es la que guiara a la persona para que haga sus actos de una manera muy especial.
Todas las personas tienen el deber y la responsabilidad de desarrollar todas sus actividades con la mayor etica profesional posible, no mirando en los demas la raza, posicion, sexo, etc. porque todos debemos de tratar y ser tratados de una buena manera y equitativa a la vez.
A veces muchas personas llegar a ser profesionales pero profesionales mediocres y sin etica por la sencilla razon que primeramente no ponen de su parte, no practican el bien comun y no son enseñados durante su carrera a no ser personas de ese tipo, por lo tanto se les olvida que llos tambien son seres humanos y que asi como a ellos les gusta que los traten bien, deberian de tratar a los demas.
Creo que si todas la personas profesionales tuvieran etica, todo fuera muy diferente y todos viviriamos en paz, practicariamos los valores y buscaramos el bien comun.
sábado, 11 de octubre de 2014
viernes, 10 de octubre de 2014
martes, 2 de septiembre de 2014
LAS VIRTUDES MORALES COMO PRINCIPIOS PRACTICOS
Hay al menos tres importantes razones por las que la persona necesita
adquirir las virtudes morales
1. La razón y la voluntad no están determinadas por naturaleza a un
modo de obrar recto
.
—La razón puede equivocarse al determinar la acción adecuada para
alcanzar un fin bueno.
—La voluntad puede querer muchos bienes que no están de acuerdo
con la recta razón, que no corresponden a la naturaleza humana y que, por
tanto, no se ordenan a Dios.
—Los bienes apetecidos por la afectividad sensible no siempre son
convenientes para el fin de la persona.
Por todo ello, el hombre tiene la posibilidad de hacer mal uso de su
libertad. Pero gracias a las virtudes, que son principios que “determinan” el bien
para la persona y la capacitan para elegirlo, se pueden superar esas
dificultades y ejercitar bien la libertad. «La necesidad de las virtudes se justifica
por nuestra capacidad de ser muchas cosas, aunque estemos llamados a ser
solamente una. Según Tomás, ésta consiste en ser amigos de Dios. Sin
embargo, alcanzar este estado no sucede por necesidad, ocurre solamente por
medio del desarrollo y la práctica de hábitos especiales, que el Aquinate
denomina virtudes»
.
2. El pecado original introdujo un desorden en la naturaleza humana: la
dificultad de la razón para conocer la verdad, el endurecimiento de la voluntad
para querer el bien y la falta de sumisión de los apetitos a la razón. Los
pecados personales agravan todavía más este desorden. Todo ello hace más
necesario que las potencias operativas de la persona (razón y apetitos) sean
sanadas y perfeccionadas por las virtudes, que le otorgan además prontitud,
facilidad y gozo en la realización del bien
.
3. Por último, las circunstancias en las que se puede encontrar una la
persona a lo largo de su vida son muy diversas, y a veces requieren respuestas
imprevisibles y difíciles. Las normas generales, siendo imprescindibles, no
siempre son suficientes para asegurar la elección buena en cada situación
particular. Sólo las virtudes proporcionan la capacidad habitual de juzgar
correctamente para elegir la acción excelente en cada circunstancia concreta y
llevarla a cabo.
El bien concreto «varía de muchas maneras y consiste en muchas
cosas, no puede existir en el hombre un deseo natural del bien en toda su
determinación, es decir, según todas las condiciones requeridas para que
sea efectivamente bueno, ya que estas cambian según las circunstancias
de las personas, del tiempo, del lugar, etc. Por eso, el juicio natural, que es
uniforme, resulta insuficiente: es necesario que mediante la razón, a la que
compete comparar las cosas diversas, el hombre busque y juzgue su propio bien, determinado según todas las circunstancias, y decida cómo debe
actuar aquí y ahora» Esta es la función propia de la prudencia, que,
como se verá, engendra, dirige y, al mismo tiempo, necesita las demás
virtudes morales.
La experiencia personal e histórica muestra que el hombre tiene una
gran capacidad para el bien y para el mal; es capaz de lo más sublime y de lo
más vil; puede perfeccionarse o corromperse. Y nada le garantiza que, en las
diversas circunstancias de la vida, pueda superar los obstáculos que se
presenten para la realización del bien. Lo único que le puede asegurar una
respuesta adecuada son las virtudes humanas y sobrenaturales.
Cuando el hombre vea a Dios como es, sus deseos de felicidad serán
plenamente colmados, y no querrá nada que le aparte de Él. Pero mientras
está en camino, tiene la posibilidad de poner otros bienes en lugar de Dios, de
amarse desordenadamente a sí mismo y a los demás. Sin embargo, la persona
que posee las virtudes o lucha por adquirirlas, siente una creciente aversión por
todo lo que le aparta de Dios y le atrae cada vez más todo lo que le acerca a
Él.
La necesidad de las virtudes humanas y sobrenaturales resulta obvia
para quien se sabe llamado a crecer en bondad moral, en santidad, a
identificarse con Cristo, a fin de cumplir la misión que su Maestro le ha
encomendado. Gracias a ellas, la vida de la persona goza de una fuerte
unidad: todas sus acciones se dirigen, de modo estable y firme, hacia el
objetivo de la amistad con Dios y con los demás. Cuando la vida moral se
entiende como respuesta a la llamada de Dios al amor, la lucha por alcanzar
las virtudes adquiere todo su sentido. En cambio, si se reduce a un conjunto de
normas para asegurar la convivencia pacífica, las virtudes pierden su
verdadero valor. Y cuando se vive como si lo único importante fuese el éxito
económico, la eficacia técnica o el bienestar material, las virtudes son
sustituidas por las habilidades.
La necesidad de las virtudes morales quedará todavía más clara en el
siguiente apartado, en el que se estudia el papel esencial que juegan en la
realización de la obra buena.
adquirir las virtudes morales
1. La razón y la voluntad no están determinadas por naturaleza a un
modo de obrar recto
.
—La razón puede equivocarse al determinar la acción adecuada para
alcanzar un fin bueno.
—La voluntad puede querer muchos bienes que no están de acuerdo
con la recta razón, que no corresponden a la naturaleza humana y que, por
tanto, no se ordenan a Dios.
—Los bienes apetecidos por la afectividad sensible no siempre son
convenientes para el fin de la persona.
Por todo ello, el hombre tiene la posibilidad de hacer mal uso de su
libertad. Pero gracias a las virtudes, que son principios que “determinan” el bien
para la persona y la capacitan para elegirlo, se pueden superar esas
dificultades y ejercitar bien la libertad. «La necesidad de las virtudes se justifica
por nuestra capacidad de ser muchas cosas, aunque estemos llamados a ser
solamente una. Según Tomás, ésta consiste en ser amigos de Dios. Sin
embargo, alcanzar este estado no sucede por necesidad, ocurre solamente por
medio del desarrollo y la práctica de hábitos especiales, que el Aquinate
denomina virtudes»
.
2. El pecado original introdujo un desorden en la naturaleza humana: la
dificultad de la razón para conocer la verdad, el endurecimiento de la voluntad
para querer el bien y la falta de sumisión de los apetitos a la razón. Los
pecados personales agravan todavía más este desorden. Todo ello hace más
necesario que las potencias operativas de la persona (razón y apetitos) sean
sanadas y perfeccionadas por las virtudes, que le otorgan además prontitud,
facilidad y gozo en la realización del bien
.
3. Por último, las circunstancias en las que se puede encontrar una la
persona a lo largo de su vida son muy diversas, y a veces requieren respuestas
imprevisibles y difíciles. Las normas generales, siendo imprescindibles, no
siempre son suficientes para asegurar la elección buena en cada situación
particular. Sólo las virtudes proporcionan la capacidad habitual de juzgar
correctamente para elegir la acción excelente en cada circunstancia concreta y
llevarla a cabo.
El bien concreto «varía de muchas maneras y consiste en muchas
cosas, no puede existir en el hombre un deseo natural del bien en toda su
determinación, es decir, según todas las condiciones requeridas para que
sea efectivamente bueno, ya que estas cambian según las circunstancias
de las personas, del tiempo, del lugar, etc. Por eso, el juicio natural, que es
uniforme, resulta insuficiente: es necesario que mediante la razón, a la que
compete comparar las cosas diversas, el hombre busque y juzgue su propio bien, determinado según todas las circunstancias, y decida cómo debe
actuar aquí y ahora» Esta es la función propia de la prudencia, que,
como se verá, engendra, dirige y, al mismo tiempo, necesita las demás
virtudes morales.
La experiencia personal e histórica muestra que el hombre tiene una
gran capacidad para el bien y para el mal; es capaz de lo más sublime y de lo
más vil; puede perfeccionarse o corromperse. Y nada le garantiza que, en las
diversas circunstancias de la vida, pueda superar los obstáculos que se
presenten para la realización del bien. Lo único que le puede asegurar una
respuesta adecuada son las virtudes humanas y sobrenaturales.
Cuando el hombre vea a Dios como es, sus deseos de felicidad serán
plenamente colmados, y no querrá nada que le aparte de Él. Pero mientras
está en camino, tiene la posibilidad de poner otros bienes en lugar de Dios, de
amarse desordenadamente a sí mismo y a los demás. Sin embargo, la persona
que posee las virtudes o lucha por adquirirlas, siente una creciente aversión por
todo lo que le aparta de Dios y le atrae cada vez más todo lo que le acerca a
Él.
La necesidad de las virtudes humanas y sobrenaturales resulta obvia
para quien se sabe llamado a crecer en bondad moral, en santidad, a
identificarse con Cristo, a fin de cumplir la misión que su Maestro le ha
encomendado. Gracias a ellas, la vida de la persona goza de una fuerte
unidad: todas sus acciones se dirigen, de modo estable y firme, hacia el
objetivo de la amistad con Dios y con los demás. Cuando la vida moral se
entiende como respuesta a la llamada de Dios al amor, la lucha por alcanzar
las virtudes adquiere todo su sentido. En cambio, si se reduce a un conjunto de
normas para asegurar la convivencia pacífica, las virtudes pierden su
verdadero valor. Y cuando se vive como si lo único importante fuese el éxito
económico, la eficacia técnica o el bienestar material, las virtudes son
sustituidas por las habilidades.
La necesidad de las virtudes morales quedará todavía más clara en el
siguiente apartado, en el que se estudia el papel esencial que juegan en la
realización de la obra buena.
LEY MORAL NATURAL
La ley moral natural es esa disposición presente en el hombre por la que éste puede fundamentalmente conocer lo que se le pide para su autorrealización. Dios ha creado al hombre confiriéndole la dignidad de una persona dotada de iniciativa y del dominio de sus actos. «Dios ha querido dejar al hombre en manos de su propia decisión para que así busque espontáneamente a su Creador y, adhiriéndose libremente a Éste, alcance la plena y bienaventurada perfección»
Pero no olvidemos que el hombre es una indisoluble unidad de naturaleza y libertad, puesto que la libertad se encarna en una naturaleza que asume e intenta perfeccionar, mientras que la naturaleza condiciona la libertad y le indica su ámbito. Mi cuerpo, por ejemplo, limita y condiciona mi libertad, pero también es el instrumento que me permite superar mi propio ámbito y relacionarme con los demás.
La ley moral natural se funda en la exigencia que obliga al hombre a actuar conforme a su naturaleza racional, exigencia que se actúa por medio del juicio de la conciencia. En un sentido más secundario y derivado la ley natural se presenta también como una ley formulada. La ley natural es la expresión y la reflexión moral de la humanidad sobre sí misma, sobre su vocación y sobre el significado de su existencia, así como la fuente de todo derecho positivo. Intenta favorecer la promoción y el desarrollo de los valores y derechos humanos, lo que lleva consigo derechos y obligaciones a los que llamamos ley moral natural o derecho natural, estando la diferencia entre los dos conceptos en que la ley moral se refiere tanto al aspecto interno como externo del acto, y el derecho natural sólo al aspecto externo.
Al formular la ley natural, es indudable que hay un precepto fundamental del que surgen todos los demás, que es: «Hay que hacer el bien y evitar el mal». El bien de la persona humana es el que determina lo que debe hacerse u omitirse. Es bueno, y debe por tanto llevarse a cabo, lo que responde y sirve al bien personal del hombre, lo que desarrolla su ser y le permite ser más y mejor hombre. Y a la inversa, es moralmente negativo y no debe por tanto hacerse, sino omitirse, todo cuanto resulta nocivo para el bien de la persona, lo que obstaculiza, retrasa o impide su desarrollo. «Es necesario que el hombre entre en sí mismo para descubrir las normas fundamentales de la ley moral natural que Dios ha inscrito en su corazón» (Caritas in veritate nº 68). «En cambio, si los derechos del hombre se fundamentan sólo en las deliberaciones de una asamblea de ciudadanos, pueden ser cambiados en cualquier momento» (Caritas in veritate nº 43). Pero como la ley moral natural afecta a los actos humanos, hay que evitar la alternativa entre formulaciones demasiado vagas, que vacían a la ley natural de todo contenido concreto, y precisiones excesivas, que pueden hacer pasar por ley natural las normas éticas de un ambiente cultural particular.
La doctrina de la ley natural afirma un orden moral objetivo y excluye por tanto el positivismo jurídico, que defiende que todo el orden no sólo jurídico, sino incluso ético es sólo una emanación del derecho positivo o de los usos y costumbres del pueblo, el relativismo y el subjetivismo. Lo propio de la ley natural y su afirmación fundamental es que el bien y el mal morales son realidades objetivas, no creando ni decidiendo el ser humano lo que es verdaderamente bueno o malo en el orden moral objetivo. El derecho positivo no otorga y da, sino que reconoce derechos preexistentes, que tiene ya la persona en virtud de su dignidad humana, y que se especifican en derechos inalienables. El derecho natural es la fundamentación última del derecho positivo y consiguientemente es la base de los derechos del individuo y de los grupos frente al poder político, siendo por tanto una barrera frente al totalitarismo y al positivismo jurídico, para quienes los derechos dimanan del Estado. Con el derecho natural lo que se busca es, ante todo, la formulación de principios jurídicos que puedan ser válidos siempre y en todas partes, realizando concretamente la encarna¬ción de valores como la justicia, la libertad o la solidaridad.
GENERALIDADES
UNIVERSIDAD CATOLICA DE EL SALVADOR
(UNICAES)
FACULTAD DE CIENCIAS Y HUMANIDADES
ETICA
REINA BELLANIRA RECINOS DE NUÑEZ
MAESTRA: ENA LILIAN QUINTEROS
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